LA COMARCA

SIERRA DE GATA: UN micromundo DESCONOCIDO
La Sierra de Gata, se encuentra en el norte de la provincia de Cáceres, en un rincón fronterizo, entre Portugal y Salamanca.
Es una pequeña región, sorprendente y desconocida que parece como sacada de un cuento. En apenas 15 kms, encontramos un micromundo que nos permite vivir la experiencia de disfrutar de paisajes tan variados y ricos como si fuera un continente en miniatura.
Desde las zonas altas de la sierra, que nos recuerdan en alguna medida a Escocia, vamos bajando por sus laderas para irse tornando en un paisaje mas boscoso. Abundan los pinares, los castaños y robles, alternando con prados y riachuelos de aguas cristalinas. Llegando al valle, resguardado del frio norte, conviven las praderas con las huertas y donde todo tipo de cultivos son posibles. Siguiendo camino hacia el país vecino, la orografía es más suave e idónea para sucederse las dehesas de encinas y alcornoques con olivares y pastos en un bonito contraste. Por último, ya casi en la «raya», abundan mas las planicies sinuosas de cereal que destilan perfumes casi toscanos. Todo un lujo en la palma de la mano.
EL vergel DONDE NACIÓ LUBENTIA
El poderoso Atlántico, a apenas 200 kilómetros, nos trae, desde el oeste, los grandes frentes húmedos que son retenidos momentáneamente por nuestra sierra aportando las lluvias y creando un microclima húmedo y templado impensable en estas latitudes.
El resultado es una explosión de plantas y cultivos muy variados de gran calidad que hacen que la región sea un auténtico vergel.
En este entorno propicio nació Lubentia Olivi que resume con su sabor y calidad todo este milagro.
SIERRA DE GATA: EL TIEMPO DETENIDO.
Su ubicación, arrinconada y taponada por los confines de las fronteras, su orografía y el desinterés por conectarla con otras regiones, ha hecho que Sierra de Gata se mantuviera secularmente aislada y olvidada. No era un sitio de «paso». Y esto se nota en todo ya que, con el tiempo, se convirtió en prácticamente autosuficiente. Sus vecinos, conscientes de la riqueza de su tierra, fueron mimando sus infinitos productos y, aún hoy en día, siguen siendo muy apreciados y codiciados sus manjares. El «tipismo» es bastante natural, poco impostado y muchas tradiciones, usos y costumbres ancestrales siguen vivas.
Estas tierras de frontera, después de la invasión árabe de la Península, debieron quedar deshabitadas por las fricciones constantes entre las dos culturas enfrentadas. Es por eso que, con el paso de los años, se debió ir repoblando con gentes leonesas y gallegas que trajeron con ellos sus tradiciones. La toponímia de toda la zona, los apellidos, incluso muchos de los rasgos culturales remiten costantemente a aquellas referencias, regiones y épocas.
El ejemplo más claro de todo ello, es una curiosa particularidad, aún muy viva y cotidiana entre los moradores de estos pueblos. Es lo que ellos mismos denominan como «a nosa fala» («nuestra forma de hablar, nuetra habla») y que, como decíamos, aunque con pequeñas diferencias, es de uso corriente en esos tres pueblos que componen el «Val de Xálima». Valverde del Fresno, Eljas y San Martín de Trevejo.
Jálama («Xálima») es el pico más alto de la sierra (1.492 m.) y preside ese precioso valle donde parece, como en el resto de la comarca, que el tiempo se hubiese detenido.
Todo un conjunto de cosas extraordinarias conformando un curioso mundo en miniatura que, de haber sido descubierto por el famoso Tolkien, tal vez «Los Bolsón» hubieran habitado en esta «Comarca».